Lectio Divina - Jueves Cuarta Semana de Pascua- P.Julio Gonzales C. ocd

25.04.2013 08:51

 

Lecturas:

a.- Hch. 13, 13-25: Pablo en Antioquia de Pisidia.

La lectura de Hechos nos sitúa en Antioquia de Pisidia, donde luego de la lectura de la Ley y los profetas, Pablo y Bernabé son invitados a hacer una exhortación. Era el primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé, se sabía que conocían bien las Escrituras.Es una constante en Pablo en el anuncio del Evangelio dirigirse primero a la sinagoga, es decir, a los judíos, si encontraba rechazo, entonces se dirigía a los gentiles. El servicio litúrgico fuera de Palestina era en griego. En la exhortación los oyentes querían escuchar si había algún indicio que hablara del cumplimiento de las promesas hechas por Dios en el AT. ¿Dios cumplirá su palabra en este momento de la historia, finalmente? Las palabras de Pablo, asume el protagonismo de aquí en adelante, comienza a recordar el pasado de Israel: comienza por la conquista de la tierra prometida, el período de los jueces y los primeros reyes de Israel, Saúl y David. “Depuso a éste y les suscitó por rey a David, de quien precisamente dio este testimonio: He encontrado a David, el hijo de Jesé, un hombre según mi corazón, que realizará todo lo que yo quiera. De la descendencia de éste, Dios, según la Promesa, ha suscitado para Israel un Salvador, Jesús” (vv. 22-23). La exhortación de Pablo, consiste en confirmar que las promesas hechas a David se cumplen en Jesús, es el Salvador. Pablo, quiere colocar toda su atención en David. Según la tradición judía, Dios había prometido un rey que reinaría para siempre; pero todavía no había llegado. La monarquía había desaparecido hacía siglos. Los judíos llamaban Mesías y Cristo a ese rey que debía venir; de ahí la importancia de la referencia inmediata que hace Pablo de David a Jesús. Es más para la mentalidad judía el término Salvador decía mucho más que el de Mesías.  El Bautista, dice, Pablo, precedió a la actividad de Jesús y dio testimonio de ÉL y se consideró indigno de desatar las sandalias de sus pies (v. 25). Juan Bautista, fue su precursor y su testigo de Jesús, quien lo anunció y abrió caminos llanos al Salvador y redentor del mundo en el corazón de los hombres. La mención que hace Pablo, del Bautista enmarca la actividad de Jesús en un tiempo determinado; ser precursor y testigo de Cristo Jesús, ayuda a comprender el rol superior que tiene el Mesías de su precursor.

b.- Jn. 13, 16-20: El siervo no es más que su amo.

El evangelio nos sitúa en el contexto después del lavado de pies, mejor dicho es su explicación. El gesto de Jesús debe servir para explicar el dicho: “No es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos si lo cumplís” (v. 16; cfr. Jn. 15, 20; Mt. 10,24; Lc. 6, 40). Este dicho viene a significar que el siervo correrá la misma suerte que su Maestro, es decir, las mismas persecuciones. Es probable que el dicho surgiera del mandato que Jesús les hizo de lavarse los pies unos a otros. Este también establece una relación nueva entre Jesús y sus discípulos, pensando que el enviado, embajador tiene la misma dignidad del que lo envía. Así como Jesús envía a sus discípulos, lo mismo ÉL que fue enviado por el Padre (cfr. Mt. 10, 40); honores o maltratos que se hagan a los embajadores es como si se lo hicieran a Aquel que los envió. Quien recibe al enviado por Jesús, recibe no sólo a Jesús, sino también al Padre, el que ha enviado a Jesús. El lavado de pies, es una forma de anunciar a Cristo Jesús entre los hombres, por medio del servicio al prójimo dentro de la comunidad (cfr. Jn. 13, 14). Sólo quien ponga en práctica su palabra alcanzará la bienaventuranza, dice Jesús (v.17), es decir, al conocimiento, debe seguir la acción. Sólo de este modo es eficaz para quien los posee además de dar testimonio ante el prójimo. La velada alusión a Judas, que queda fuera de esta bendición por su actitud, aunque sabemos que Jesús lo escogió para ser su discípulo, incluso sabiendo que lo iba a traicionar. Ahora sabemos que fue para que se cumpliera la Escritura:“El que come mi pan ha alzado contra mi su talón” (Sal. 41, 10). Os lo digo ahora antes que suceda,  para que, cuando suceda creáis que Yo soy” (vv. 18-20). Estas palabras  expresan  el dolor de la traición por parte de uno de sus discípulos. Jesús lo anuncia o revela antes que suceda para que cuando haya sucedido, se confirme la fe de sus discípulos en ÉL: “y creáis que Yo soy” (v. 19). El cristiano comprometido debe seguir el camino de su Maestro, es decir, de servicio, de humillación y gloria. Seguir a Jesús, en este camino de evangelio, se trata de imitar sus actitudes: amor y servicio a los hermanos, entrega y renuncia, obediencia y humillación. No olvidemos que el servicio y el amor tienen  otra cara, que es precisamente, el sacrificio y la renuncia. Son intrínsecos al amor ya que sin ellos éste no vale nada.

Teresa de Jesús, el servicio a Dios y al prójimo nace del amor que se cultiva en la oración. “Pues hablando ahora de los que comienzan a ser siervos del amor (que no me parece otra cosa determinarnos a seguir por este camino de oración al que tanto nos amó), es una dignidad tan grande, que me regalo extrañamente en pensar en ella. Porque el temor servil (2) luego va fuera, si en este primer estado vamos como hemos de ir. ¡Oh Señor de mi alma y bien mío! ¿Por qué no quisisteis que en determinándose un alma a amaros, con hacer lo que puede en dejarlo todo para mejor se emplear en este amor de Dios, luego gozase de subir a tener este amor perfecto? (3) Mal he dicho: había de decir y quejarme porque no queremos nosotros; pues toda la falta nuestra es, en no gozar luego de tan gran dignidad, pues en llegando a tener con perfección este verdadero amor de Dios, trae consigo todos los bienes. Somos tan caros y tan tardíos de darnos del todo a Dios, que, como Su Majestad no quiere gocemos de cosa tan preciosa sin gran precio, no acabamos de disponernos.” (V 11,1).