Lectio Divina Lunes Cuarta Semana de Pascua -P.Julio Gonzales C. ocd

22.04.2013 09:57

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 11,1-18: Pedro explica su conducta.

Este pasaje de los Hechos, nos presenta la apertura de la Iglesia a los paganos, que comienza con el bautismo de Cornelio a manos de Pedro. La reacción de la Iglesia de Jerusalén, es pedirle una explicación. Pedro, como cabeza de la Iglesia, no obra por capricho ni en forma independiente. La oposición le vino de los que provenían de la circuncisión, es decir, los que privilegiaban las tradiciones judías, y se oponían a la comunión con los gentiles (v.3; cfr. Hch. 15, 1; Gál. 2,11). Pedro narra lo que aconteció (vv.3-10), posee a su favor el testimonio de los otros seis hermanos que lo acompañaban y recuerda la acción  del Espíritu y las de Jesús (vv. 12. 16; cfr. Lc. 1,5), que también  los paganos están llamados a la salvación. Luego de la exposición de Pedro, las críticas desaparecieron, reconocen los hermanos la acción de Dios en los gentiles, sin la necesidad que observen la Ley de Moisés (v.17). Con todo esto vemos que en la comunidad primitiva de Jerusalén había dos grupos bien definidos: los que se oponen al ingreso de paganos a la Iglesia, y el otro segmento, reconoce que Dios implantó su voluntad a la comunidad, es decir, la apertura a los gentiles (cfr. Hch. 10,14. 28. 47; 11, 2. 8. 17; 10,3-11-16. 22. 30; 11, 5-10; 13). De esta forma el trabajo con los gentiles quedaba autorizado; vía abierta para su ingreso a la comunidad. Lo significativo fue que el primer pagano fuera bautizado por Pedro, y que la Iglesia, después de un sano discernimiento aprobó el accionar de Pedro y la asumió como suya. Fue la Iglesia apostólica la que inició este trabajo, lo que legitima el bautismo a los paganos. El primer convertido, es un militar romano, pero se insistirá más en las buenas relaciones entre la Iglesia y las autoridades del momento.

 b.- Jn. 10, 11-18: El buen Pastor da la vida por sus ovejas.

En este pasaje Juan, nos habla de las características del buen Pastor y de aquel que no es pastor del rebaño. El verdadero Pastor entra por la puerta, el portero le abre y es reconocido por las ovejas por el tono de su voz: las llama por su nombre y éstas le siguen. El otro es un extraño, escala por la pared, las ovejas no le siguen; su voz es extraña para ellas. En el trasfondo, late la presencia de falsos profetas, con anhelos mesiánicos, con pretensiones de salvación, que conoció Israel. Escuchar la voz del pastor, es un tema recurrente del AT, aquí se trata de oír a Jesús, escuchar su palabra. Lo mismo se puede decir de las palabras redil, ovejas, rebaño; aquí deja en claro que ÉL ama a sus ovejas, entra por la puerta y las ovejas le siguen al escuchar su voz. Otra lectura, es señalar que Jesús, no ha entrado en el redil de Israel con violencia, pretendiendo ser el Mesías. Se puede entender que es Yahvé, el portero del redil de Israel, que gozoso abre las puertas a Jesús el Pastor. Entre las ovejas y el Pastor, hay una gran intimidad, transida de alegría al escuchar su voz, ÉL no busca una paga por su trabajo,  cuidar las ovejas, más bien, entrega la vida por ellas. Descubrimos en el Pastor, al Esposo de la Nueva Alianza; ellas le siguen, porque conocen su voz, la voz del Amado (cfr. Ct. 5, 2). A la imagen del Pastor, se agrega el de la puerta: Él es la puerta del rebaño, puerta de las ovejas, por donde se puede entrar y salir, es decir, el creyente se siente cómodo, no estrecho. Es el Pastor, la vida de su rebaño (cfr. Jn. 10,10). Vemos como Jesús se ha ido declarando la luz del mundo (Jn.8,12), el agua viva (Jn.7,37), el pan vivo bajado del cielo (Jn.6,48), finalmente, declarará que el Camino y la Verdad y la Vida (Jn.14,6). Todas estas declaraciones hablan de cómo Jesús conduce a las ovejas hacía sí mismo, no sólo es vía, acceso, sino nuevo recinto, nuevo templo, donde los que creen adquieren los bienes mesiánicos. Jesús es la puerta que conduce a la vida, al nuevo templo. Quien encuentra a Jesús encuentra la plenitud total, la vida para siempre.

Santa Teresa de Jesús, siente la presencia de Jesucristo cabe sí. “A cabo de dos años que andaba con toda esta oración mía y de otras personas para lo dicho, o que el Señor me llevase por otro camino, o declarase la verdad, porque eran muy continuo las hablas que he dicho me hacía el Señor, me acaeció esto: estando un día del glorioso San Pedro en oración, vi cabe mí o sentí, por mejor decir, que con los ojos del cuerpo ni del alma no vi nada, mas parecíame estaba junto cabe mi Cristo y veía ser El el que me hablaba, a mi parecer. Yo, como estaba ignorantísima de que podía haber semejante visión, diome gran temor al principio, y no hacía sino llorar, aunque, en diciéndome una palabra sola de asegurarme, quedaba como solía, quieta y con regalo y sin ningún temor. Parecíame andar siempre a mi lado Jesucristo, y como no era visión imaginaria, no veía en qué forma; mas estar siempre al lado derecho, sentíalo muy claro, y que era testigo de todo lo que yo hacía, y que ninguna vez que me recogiese un poco o no estuviese muy divertida podía ignorar que estaba cabe mí.” (V 27,2).