Lectio Divina - Lunes Segunda Semana de Pascua- P. Julio Gonzales C. ocd

08.04.2013 08:50

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 4, 23-31: Oración de los apóstoles.

Oración en la persecución hecha por los apóstoles, luego de haber sido liberados, en comunidad, con los suyos. Si bien las conversiones iban en aumento, la comunidad apostólica era un pequeño grupo, reunidas en casas (cfr. Hch.12,12). Una actitud que llama la atención es cómo la comunidad en lugar de escapar se entrega a la oración y ponen en la presencia del Señor sus dificultades por confesar su fe (cfr. Hch. 11,18; 16,25; 21,20). El esquema de oración estaba basado en invocar la divinidad, cantar o señalar los atributos divinos y luego la petición. Lucas, adaptó una oración de Ezequías (2Re. 19, 15-19; Is. 37,15-20), para sus propósitos, incluyendo el Salmo 2,1-2. Vemos cómo se cumple todo esto en la muerte y resurrección de Jesús. El rey de Judá era el ungido del Señor, representante de Dios ante su pueblo y el representante de éste ante Dios. Terminada la monarquía, el Salmo fue interpretado en forma mesiánica, lo cual resulta evidente en la oración que hizo la comunidad de los apóstoles: Herodes y Pilatos, los reyes de la tierra, conspiraron contra Jesús, pero fue una acción inútil porque eso no impidió la resurrección de Jesús. Jesús como sus hermanos de comunidad son todos siervos de Dios y deberán correr la misma suerte que su Maestro. No piden les libere de la persecución, sino la suficiente libertad para predicar el evangelio con la predicación y los signos que la acompañan, invocando el Nombre de Jesús.

b.- Jn. 3, 1-8: Nacer del agua y del Espíritu.

El evangelio nos presenta esta entrevista de Nicodemo con Jesús. Se sabe que era maestro de la Ley, fariseo, dirigente judío muy importante. El deseo de este encuentro nace de lo que había visto del joven rabino  después de la escena de la purificación del templo en Jerusalén, su primera intervención o actuación en la ciudad santa.Hombre de buena voluntad, quiere comprender la perspectiva de Jesús, pues piensa que es un enviado de Dios. Su preocupación como buen judío era el reino de Dios de ahí se deduce que las preguntas o cuestiones que planteó a Jesús iban en la línea de la llegada del Reino de Dios. Es curioso que sólo en esta pasaje Juan hable del Reino de Dios, más frecuente en los Sinópticos, en Juan equivale a vida o vida eterna (cfr. Mt.4,17). Para ingresar en el Reino de Dios, hay que nacer de nuevo (v.3). No se trata sólo de cambiar de mentalidad, sino que hay que nacer de arriba o de Dios, precisamente porque Él que lo hace posible, ha venido de arriba; Jesucristo bajó del cielo, como el evangelista lo había anunciado (cfr. Jn.1, 12-13).No basta con nacer de la carne y de la sangre, sino que hay que nacer de arriba, para acceder a la vida eterna. Tampoco basta la esperanza o buen deseo del Reino de Dios. Será necesaria la presencia del Espíritu Santo, que actúa por Jesús, como  agente regenerador, y el hombre por la fe, acepta la salvación que Dios le ofrece por medio del Bautismo: don y compromiso. Lo que nace de la carne es carne, es decir, de toda la persona humana con sus posibilidades;  lo que nace del Espíritu de Dios es espíritu, es decir, crea una realidad que no existía, el hombre nuevo, personalidad nueva, por la cual, responde a las exigencias de esta nueva relación con Dios (cfr. Tit.3,5). Nacer de la carne viene a significar contentarse con lo que cada uno puede observar y controlar; hacer juicios sobre lo que puede sentir (cfr. Jn.7, 24; 8,15). Nacer del Espíritu conduce a ver y comprender la realidad desde Dios. Para que lo dicho sea comprendido por Nicodemo, Jesús usa una parábola sobre el viento y el Espíritu (v.8). El viento s un misterio, podemos experimentarlo; es parte de la vida. Pero nadie puede presumir de saber y explicar de dónde viene y adónde va (cfr. Ecl.11,5;Eclo.16,21), en base a esta verdad sobre el viento, Jesús afirma que el Espíritu está más allá de todo control y comprehensión por parte del hombre; sopla en este mundo pero desde lo alto. No podemos determinar su origen y destino. Nicodemo es invitado a superar su respuesta cuando reconozca que es convocado a la esfera divina, donde quienes nacen tienen su origen y destino en el misterio de Dios.Los elementos esenciales del bautismo del que habla Jesús: el agua, que purifica el alma del pecado original, con todo su simbolismo de purificación profunda del corazón humano;  y del Espíritu que da la eficacia al agua regeneradora para realizar el nuevo nacimiento del hombre desde Dios.

La Santa Madre Teresa, nos habla en clave de desposorio místico acerca del Bautismo: todos desposados con Cristo Jesús. “Sí, empezad a pensar con quién vais a hablar o con quién estáis hablando. Ni en mil vidas de las vuestras acabaréis de entender cómo merece ser tratado este Señor, delante del cual tiemblan los ángeles. Todo lo manda: su voluntad es acción. Bueno será, hijas, que tratemos de alcanzar siquiera algo de estas grandezas que tiene nuestro Esposo, y veamos con quién estamos casadas y qué vida debemos tener. ¡Válgame Dios! Acá, si uno se casa, primero se informa quién es el otro, cómo es y qué tiene; nosotras estamos desposadas −y así todas las almas por el bautismo− antes de las bodas, y el desposado nos llevará a su casa. Pues si son permitidos aquellos pensamientos cuando se casan los hombres, ¿por qué nos han de impedir que nosotras entendamos quién es este hombre, quién es su padre, qué tiene, adónde me ha de llevar cuando me case, qué condición tiene, cómo le podré contentar mejor, de qué modo le causaré placer, y estudiar cómo conformaré mi condición con la suya? Si una mujer ha de estar bien casada, no le aconsejan otra cosa sino que estudie esto, aunque su marido sea un hombre muy bajo; pues, Esposo mío, ¿en todo tienen que hacer menos caso de Vos que de los hombres? Si a ellos esto no les parece bien, dejen que vuestras esposas se ocupen de su vida con Vos” (CE 38,1).