Lectio Divina - Lunes Tercera Semana de Pascua- P. Julio Gonzales C. ocd

15.04.2013 00:21

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 6, 8-15: Prisión del diácono Esteban.

El autor de los Hechos, fija su atención en Esteban, uno de los siete diáconos. Es acusado de predicar contra Moisés y Yahvé, contra el santo lugar, como era el templo, contra  la Ley; y que Jesús destruiría el templo (cfr. Mc. 14, 58; Jn. 2, 19ss); que cambiaría las costumbres que les había transmitido Moisés (vv.11.13-14). La acusación viene de los miembros de la  Sinagoga de los Libertos, ante el Sanedrín; Esteban, en cierto modo, revive la pasión de Cristo en su vida, con incluso, el mismo procedimiento que usaron los judíos contra Jesús: falsos testimonios, calumnias, el pueblo que se levanta contra él.  Terminada la acusación la mirada airada de los miembros del Sanedrín, esperaban una respuesta, de aquel que ponía en duda lo que ellos consideraban más sagrado: Esteban se había convertido, como Jesús, en un peligro de la identidad judía. Los miembros del Sanedrín contemplaron la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Esteban, favor concedido a los testigos escogidos, para anunciar la obra de Yahvé: la Resurrección de Jesucristo. (cfr. Mt. 17, 2; Ex. 34, 29ss).

b.- Jn. 6, 22-29: La obra que Dios quiere: creer en su enviado.

El evangelista Juan, nos quiere comunicar cómo luego de la multiplicación de los panes, la gente busca a Jesús irresistiblemente, pero no porque crean en ÉL, sino más bien por curiosidad, por hambre, en todo caso, no es el seguimiento que exige Jesús, el de ellos. El signo apuntaba hacia una realidad más profunda que la muchedumbre no comprendió. Debían buscar el pan imperecedero, la Eucaristía (v.23). Jesús habla de este pan, “alimento que permanece para la vida eterna” (v. 27). El que coma de ese alimento tendrá un juicio favorable en el último día, y la vida eterna que daré el Hijo del Hombre, sellado por Dios, es decir, legitimado por Dios (cfr. Dn.7). Es el alimento que produce vida eterna, y que ÉL les ofrece, anunciado por el maná del Éxodo, pan bajado del cielo, que es Cristo, don del Padre.  La gente pregunta: ¿Qué obra de Dios, han de realizar? Sólo una cosa: Creer en Aquel que el Padre ha enviado (v. 29). Si el Hijo ha venido con el sello divino, la obra salvífica de Dios, lo que exige del hombre es creer, la fe. Aceptar la obra realizada por Dios en Cristo Jesús, eso es lo que hay que reconocer. Se llega a Jesús, por la fuerza de atracción que realiza el Padre en el interior de cada hombre y la adhesión que provoca en quien contemple a Cristo, obra de su amoroso poder. Quien se une a Cristo Jesús no conocerá la muerte, sino la vida eterna.

Santa Teresa de Jesús, hija de su tiempo, como nosotros del nuestro, nos invita a creer sólo en Dios y fiarse de los que viven según el Evangelio. “Así que, hermanas, dejaos de estos miedos. Nunca hagáis caso en cosas semejantes de la opinión del vulgo. Mirad que no son tiempos de creer a todos, sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo. Procurad tener limpia conciencia y humildad, menosprecio de todas las cosas del mundo y creer firmemente lo que tiene la Madre Santa Iglesia, y a buen seguro que vais buen camino. Dejaos -como he dicho- (12) de temores, adonde no hay qué temer. Si alguno os los pusiere, declaradle con humildad el camino. Decid que Regla tenéis que os manda orar sin cesar -que así nos lo manda- y que la habéis de guardar (13). Si os dijeren que sea vocalmente, apurad si ha de estar el entendimiento y corazón en lo que decís. Si os dijeren que sí -que no podrán decir otra cosa-, veis adonde confiesan que habéis forzado de tener oración mental, y aun contemplación, si os la diere Dios allí.” (CV 21,10).