Lectio Divina - Martes Cuarta Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C. ocd

23.04.2013 08:52

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 11, 19-26: Nace la comunidad de Antioquia.

La dispersión que produjo el martirio de Esteban, se termina convirtiendo en una gran bendición para la Iglesia primitiva. Algunos hombres de Chipre y Cirene, predicaron la palabra en Antioquía (v. 20). Es posible que sean Lucio de Cirene y Simeón llamado el Niger (cfr. Hch. 13). Es posible que ambos, domiciliados en Antioquía, predicaran el evangelio y comandaran la comunidad. Hay que decir, que estos fueron misioneros anónimos, que fundaron lo mismo en Antioquía, que Éfeso, Alejandría  y  Roma (cfr. Hch. 18,21; 18,24; 28,14). La iglesia madre de Jerusalén envía a Bernabé a Antioquia,  quien vio el don que había hecho Dios a esa comunidad, y los exhorta a permanecer unidos en el Señor con un propósito firme. El mensaje de estos misioneros,no fue otro que el kerigma cristiano: Jesús es el Señor. En la mentalidad helenista había muchos señores, la fórmula cristiana, es presentar a Jesús como el único Señor. Los gentiles dieron el nombre de “cristianos”, ungidos, a los seguidores de Cristo (v.26). Con esto se quiere decir, que el cristianismo, ya no es una secta judía, sino que el cristianismo ha adquirido personalidad y consistencia propia. Es una realidad nueva en el mundo religioso de entonces y recordemos que según la mentalidad judía, las cosas sin nombre, no existen. Al poco tiempo, se agrega Saulo de Tarso a esta misión, y luego de permanecer un año allí, muchos se agregaron a la Iglesia. Pablo estaba en Tarso, luego de su conversión, enviado por los hermanos (cfr. Hch. 9, 30). Recordemos que fue Bernabé, quien presentó a Pablo a los apóstoles (cfr. Hch. 9,27), pero al convertirlo Lucas en puente entre los apóstoles y Pablo, está legitimando la misión de éste último. De este modo, se incrementa el rebaño de Cristo,  Antioquia se convierte en la segunda Iglesia, luego de Jerusalén, puente para el trabajo apostólico con los griegos, como la iglesia madre, lo era para los judíos.

b.- Jn. 10, 22-30: Yo doy vida eterna a mis ovejas.

El evangelio tiene como  contexto  la visita de Jesús al templo, en la fiesta de la Dedicación del templo de Jerusalén (cfr.1Mac.1,41s; 1,11-13; 1,41-50; 1,60-64; 1,56-58; 1,59; Dn.11,31s; 1Mac.2,1-4.35; 1Mac.4,46-51; 2Mac.10,1-4). La pregunta de los judíos es directa: “¿Hasta cuándo  vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (v. 24). Jesús ya les había respondido con autorevelación como Buen Pastor (cfr. Jn.10,14-18), no había nada que esperar ya  les había dicho que era el Cristo, porque como ocurre con frecuencia, no ponían atención a sus palabras (cfr. Jn. 4,34). Su visión sigue siendo terrena, valorando a Jesús según sus criterios (cfr. Jn.7, 24; 8,15). La respuesta de Jesús les remite a sus obras que ha hecho en el nombre del Padre, pero tampoco creen a ellas, porque no son ovejas de su rebaño (v.26). Ellas dan testimonio de las palabras de Jesús y la imagen del Buen Pastor, contesta a sus inquietudes sobre su condición de mesías (cfr. Jn.10, 1-18). Pero ellos no escuchan, son incapaces de aceptarlecomo revelación de Dios o ver la revelación de Dios en sus obras, muchos menos podrán creer en Él, es el Mesías. En cambio, el rebaño de Dios escucha su voz, y responde a su llamada, pero los judíos no oyen su voz. (cfr. Jn.10,3-4.14.16). Expone, luego la realidad acerca de la comunión de vida eterna que establece con sus ovejas, que se traduce, en conocimiento del Pastor y escuchar  su voz. Estas son las condiciones para vivir esa comunión entre el Pastor y su rebaño.Es el propio Jesús, quien da razones para constituirse en verdadero y único Pastor del rebaño de Dios: una razón, es que conoce sus ovejas y ellas le conocen y siguen. Este conocimiento que crea comunión de vida, relación activa y efectiva, amorosa y familiar, personal e íntima con el Otro. Encontramos así la descripción del auténtico creyente que escucha a su Pastor y Maestro (cfr.Jn.1,41;3,8.29; 4,42; 5,24.28; 6,45;8,38.43; 10,3.16), es el que posee vida eterna (cfr. Jn.3,15.16.36; 4,14.36; 5,24.39; 6,27.40.47.54.68), porque sigue a Jesús (cfr. Jn.1,37.44; 8,12; 10,4-5), no perecerá jamás (cfr. Jn.3,16; 6,12.27.39; 10,10). Quiere Jesús llevar esta relación, al mismo grado, que tiene de conocimiento mutuo con su Padre. Les da vida eterna, por lo mismo, no perecerán jamás, porque nadie se las arrebatará de su mano. Esta enseñanza insiste en creer en ÉL como Mesías, según sus categorías dará vida eterna, y nadie los podrá arrebatará de su mano (vv.27-28).Es el Padre quien se las confió, nadie se las puede arrebatar; esa vida es don del Padre. No hay poder más grande que el de Dios, por lo que está garantizada la unión del creyente con Dios; el Padre de Jesús es más grande que todo otro poder (v.29). Que Israel celebre la presencia de Dios en la Dedicación del templo, y que Jesús participe en ella, les enseña a los judíos, que desde ahora hay otro modo de presenciade Dios entre ellos. Es más, pueden estar seguros que están en las manos del Padre, si creen en Jesús. Mientras los judíos celebran la nueva consagración de su templo, prueba tangible que ellos le pertenecían a Dios y que este Dios les pertenecía, Jesús insiste en que la fe del creyente en su palabra, lo vincula a ÉL y a su Padre Dios. “El Padre y yo somos uno” (v.30), con lo que Jesús viene a enseñar, que ya no hay que mirar al templo para contemplar la presencia de Dios, puesto que Él delante de los judíos se declara, como el nuevo templo, presencia de Dios en medio de ellos (Jn.1,14). El Resucitado abre las puertas de su rebaño para que ingresemos en él. La esperanza que nace de su Resurrección  transforma en testigos a los que lo aman, y su voz resuena en lo interior de cada creyente. 

Santa Teresa de Jesús, destaca el conocimiento de sí mismo desde el misterio de Dios. “Podría alguna pensar que si tanto mal es tornar atrás, que mejor será nunca comenzarlo, sino estarse fuera del castillo. Ya os dije al principio, y el mismo Señor lo dice, que quien anda en el peligro en él perece, y que la puerta para entrar en este castillo es la oración. Pues pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios y pidiéndole muchas veces misericordia, es desatino. El mismo Señor dice: Ninguno subirá a mi Padre, sino por Mí; no sé si dice así, creo que sí; y quien me ve a Mí, ve a mi Padre. Pues si nunca le miramos ni consideramos lo que le debemos y la muerte que pasó por nosotros, no sé cómo le podemos conocer ni hacer obras en su servicio; porque la fe sin ellas y sin ir llegadas al valor de los merecimientos de Jesucristo, bien nuestro, ¿qué valor pueden tener? ¿Ni quién nos despertará a amar a este Señor?” (2M 1,11)