Lectio Divina - Martes Segunda Semana de Pascua - P-Julio Gonzales C. ocd

09.04.2013 14:59

 

Lecturas:

a.- Hch. 4, 32-37: Todos pensaban y sentían lo mismo.

Nos encontramos con un segundo sumario sobre la vida de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén. Se recalca el testimonio apostólico acerca de la resurrección, la nueva creación, de la que la comunidad es claro testimonio. Este el  motivo esencial de la existencia eclesial comunitaria, basada en el poder los apóstoles en la predicación acompañada por signos y la eficacia de la gracia divina que acompaña a todos los miembros de la Iglesia. Otra realidad a destacar es la unanimidad, un solo corazón y una sola alma por el amor, manifestada en la comunión de bienes. Todo era común, no había propiedad de bienes entre ellos. En esta presentación de Lucas, encontramos vestigios del AT., en que se invita a compartir con el otro (cfr. Dt. 15, 4), pero también la mentalidad griega proponía en tener todo en común, por lo mismo el lector no hebreo encontraba en el ideal comunitario de los cristianos una invitación a vivir este desafío. Los ricos vendían sus propiedades y el dinero lo ponían al servicio de los apóstoles, es decir,  cada uno, recibía según sus necesidades (cfr. Hch. 4, 36-37; 5,1-11). No obstante este compartir, seguramente la comunidad era pobre, ya que en el primer concilio, los apóstoles piden a Pablo, recuerde a sus hermanos pobres de Jerusalén (Gál. 2, 10).

b.- Jn. 3, 11-15: Jesús: El que bajó del cielo vuelve al seno del Padre.

Continúa el diálogo de Jesús y Nicodemo, pero a otro nivel, puesto que este último no comprende el leguaje de Jesús. Nicodemo sigue perplejo, no logra salir de sus categorías y adentrarse en la vida del Espíritu que le ofrece Jesús. ¿Cómo puede ser esto? (v.9). Jesús percibe debilidad, le reprende, por ser él un maestro de Israel (v.10). Debía haber comprendido a Jesús en lo que se refiere a la vida en el Espíritu, que trasciende el espíritu y la comprensión humana no era nueva (cfr. Ex.15,8; Is.40,7; 44,3; 59,21; Ez.11,19-20; 36,26-27; Jl.28,29; Job.34,14; Sal.18,15; 51,10; Sab.9,16-18). Jesús le responde a Nicodemo con un discurso que pareciera no sólo se dirigiera a él son a una comunidad que le escucha, puesto que se pasa del singular al plural, es la comunidad de Jesús que se dirige a Israel.Jesús habla de lo que conoce y Nicodemo es incapaz de aceptar esas verdades, como tampoco el resto de los judíos.Si Nicodemo no cree en estas cosas, cuanto más difícil será para el resto creer las cosas del cielo. Jesús habla de lo que ha visto junto al Padre (cfr. Jn. 8,38; 3,11-13;3,31-32; 1,14-18; 8,26-40;15,15). Jesús no se desalienta, no trata de mostrar que el judaísmo es erróneo, sino que trata de decirles a quienes creen que las tradiciones religiosas de Israel, las cosas terrenales,son suficientes para alcanzar la salvación, que se necesita algo más, las cosas celestiales. Jesús se presenta como el Revelador celestial (vv.13-15). Jesús afirma el carácter único de lo que el Hijo del Hombre comunica, cerrando toda posibilidad a que otros reveladores de Israel pudieran haber estado en el cielo, viendo las realidades celestiales y pudieran regresar para contarlas. Sólo el Hijo del Hombre ha bajado del cielo (v.13), conoce de lo que habla (v.11). Jesús proclama lo dicho en el prólogo: “A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, queestá en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn. 1,18). Esta nueva referencia al Hijo del Hombre se relaciona con la otra promesa que a mayor fe, mayor revelación. Verán lo celestial revelado en el Hijo del Hombre (Jn.1,51). Sólo Jesús, la palabra hecha carne, el Hijo de Dios y del Hombre, revela las cosas celestiales (cfr. Jn.1,14; 1,18;1,51;3,13). ¿Cómo se realizará esta revelación? Mientras por una parte se nos dice que Jesús es el revelador 8v.13), luego se nos dice el cómo (v.14). Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, igualmente será elevado el Hijo del Hombre, así como Israel en su éxodo, como pueblo pecador, miró fijamente la serpiente y recuperó la salud, del mismo modo vendrá la vida eterna a aquel que crea al mirar al Hijo del Hombre elevado (v.15). Se retoma uno de los temas centrales del evangelio: los dones que Dios había hecho a Israel, son llevados a la perfección por el don del Hijo de Dios (Jn.1, 17). La muerte de Jesús, elevación física y la exaltación, será la lucha de la luz y las tinieblas, el rechazo de la Palabra por los judíos, su propio pueblo, la Hora de Jesús, que todavía no llega, los conflictos con los judíos (cfr.Jn.1, 5.11; 2, 13-22). Se inicia el modo como Jesús morirá, su crucifixión, será también su exaltación (cfr. Jn. 12,33; 18,32). Se ha tocado otro tema central del evangelio de Juan: Jesús es la revelación del Padre, revelación que alcanza su culmine en el levantamiento y exaltación de Jesús sobre la cruz (vv.13-14). Creer en esta revelación trae vida eterna.

Santa Teresa de Jesús, invita a los moradores del Castillo Interior a poner los ojos en el Crucificado. “Mirad que importa esto mucho más que yo os sabré encarecer. Poned los ojos en el Crucificado y haráseos todo poco. Si Su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos, ¿cómo queréis contentarle con sólo palabras? ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como El lo fue; que no les hace ningún agravio ni pequeña merced. Y si a esto no se determinan, no hayan miedo que aprovechen mucho, porque todo este edificio como he dicho (11) es su cimiento humildad; y si no hay ésta muy de veras, aun por vuestro bien no querrá el Señor subirle muy alto, porque no dé todo en el suelo. Así que, hermanas, para que lleve buenos cimientos, procurad ser la menor de todas y esclava suya, mirando cómo o por dónde las podéis hacer placer y servir; pues lo que hiciereis en este caso, hacéis más por vos que por ellas, poniendo piedras tan firmes, que no se os caiga el castillo.” (7M 4,8).