Lectio Divina Martes V Semana de Cuaresma - P. Julio Gonzales C. ocd

19.03.2013 09:44

 

Lecturas bíblicas

a.- Num. 21,4-9: La serpiente de bronce.

El pueblo atraviesa el desierto, lugar vasto donde sufren hambre, sed y el ataque de enemigos como las serpiente y los escorpiones (cfr. Dt. 8, 15; Is. 14, 29; 30,6). El pueblo se queja por el maná, las serpientes abrasadoras son un castigo divino, si bien piden perdón mueren muchos, pero la salvación viene de Dios, como respuesta que los libra de las serpientes. La serpiente en la antigüedad, e Israel no es la excepción, creía en los poderes curativos de la serpiente, símbolo de la fertilidad. La historia que escuchamos hoy tiene resabios de la cultura cananea, que pasó al culto del templo de Jerusalén, hasta que Ezequías en su reforma la mandó destruir un ídolo que la representaba (cfr. 2 Re.18, 4). La serpiente en el relato es providencia de Dios y salud de Dios para su pueblo en el desierto. El símbolo mira a Dios como fuente de salud  y bondad para quien contempla la serpiente de bronce y que supera al castigo impuesto por el mismo Dios por las quejas del pueblo. El símbolo de muerte y de vida como es la serpiente de bronce nos habla también del juicio y la misericordia que prevalece en el obrar de Dios. Todo gracias a la intercesión de Moisés su siervo, que temeroso sube al monte a dialogar con Yahvé, trayendo vida para Israel.

b.- Jn. 8,21-30; Cuando levantéis al Hijo del hombre.

Si Jesús se ha proclamado luz del mundo ha sido para que los hombres lo sigan; cuando se marche, los hombres lo buscarán pero no podrán encontrar, sin la adherencia a ÉL no puede encontrar el camino, hacia donde va, que no es otra cosa que cumplir la voluntad el Padre en su misterio pascual, entregar la vida por los hombres. Jesús se manifiesta como expresión nítida de la voluntad del Padre, lo ha visto y oído, por eso actúa como lo hace. El pecado, es la razón de la no adhesión a Cristo Jesús, es decir, oposición al plan revelador de Dios. Para salir del pecado es necesario creen en Jesús en ese “Yo soy” (v. 24); ÉL hace presente a Yahvé, lo invade con su presencia amorosa, se halla en ÉL, contemplamos en Jesús al Padre. A la pregunta: “Quien eres tú?” (v. 25), Jesús se remite a su experiencia de Hijo, el Padre en ÉL se muestra veraz y que no lo abandona jamás; lo conforma en que siempre hace lo que le agrada. Ante sus dudas les remite a su exaltación: “Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre entonces sabréis que Yo soy” (v. 28), exaltación que se refiere a la crucifixión y a la resurrección. Hay que recordar que para el evangelista, Jesús comienza a reinar y ser glorificado, desde la cruz. Los hombres ante estos hechos confesarán que es el Hijo de Dios, imagen del Padre.  Es en la humanidad de Jesucristo, donde resplandece la gloria de Dios Padre, que culmina con su entrega en la Cruz. Abiertos sus brazos al cielo, cara a cara con el hombre y con Dios Padre, es cuando la revelación se hace patente: “sabréis que Soy” (v. 28). Si bien el evangelista habla que muchos creyeron en ÉL, su adhesión era muy frágil, de hecho Jesús no se fiaba de ellos. Lo siguieron en su discurso, pero sin fe. La adhesión que quiere Jesús es total, es decir, creer que viene del Padre y acercarse a ÉL como fuente de la vida verdadera, luz que alumbra nuestro caminar para seguirle adonde vaya.

La Santa Madre nos invita a poner los ojos en Jesús, para comprender que es Dios y que para gozarle debemos vivir su mismo misterio pascual. “Poned los ojos en el Crucificado, y se os hará todo poco” (7M 3,8).