Lectio Divina - Miercoles Cuarta Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C. ocd

25.04.2013 08:50

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 12, 24 - 13, 1-5: Misión de Bernabé y Saulo.

La lectura de Hechos, nos sitúa en Antioquia de la que va a partir la gran misión. Los protagonistas son Bernabé y Pablo, se les une Juan Marcos, primo de Bernabé, que vino con ellos desde Jerusalén. Buen hombre que prestó servicios a Bernabé y Pablo (cfr. Col. 4,10; Hch. 13,5; 15,39; Col. 4,10; Flm 24; 2Tm.4,11). La comunidad de Antioquía contaba con profetas y maestros. Estos tenían la misión de interpretar  la Escritura, sobre todo el AT, y su cumplimiento en el Evangelio. Predicaban y posiblemente dirigían la comunidad. Eran hombres doctos inspirados por el Espíritu Santo, el mismo que hablaba por medio de los profetas. Se puede decir que Bernabé y Pablo, estaban llenos del Espíritu Santo, por lo mismo eran considerados buenos profetas y maestros. La palabra de Dios crecía y se propagaba entre los paganos.Los  seleccionados por el Espíritu Santo, para la nueva misión, son Bernabé y Pablo, son escogidos en una asamblea litúrgica  y la comunidad se hace responsable de esta misión (vv. 2- 3). La oración y el ayuno son imprescindibles para conocer la voluntad del Señor. Lucas, quiere dejar en claro que la iniciativa viene del Espíritu y que mueve a toda la comunidad para asumirla y planificarla. Las palabras del Espíritu: “separadme…” es el término para indicar una consagración como la de los levitas y de Pablo (cfr. Núm. 16,9; 1Cró 23, 13; Rm. 1,1; Gál. 1, 15). Se trata, entonces de la consagración de Bernabé y Pablo llamados para evangelizar; la imposición de las manos viene a significar autoidentificación, trasmisión de un poder que se comparte entre quien las impone y sobre aquellos que son impuestas. Serán misioneros en nombre o mandados o representantes de la Iglesia de Antioquía ante los paganos, Iglesia en la que por primera vez se les llamó cristianos a los discípulos de Jesús.

b.- Jn. 12, 44-50: Yo, la luz, he venido al mundo.

El evangelio nos presenta a Jesús clamando por su identidad:  “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí,  ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí  no siga en las tinieblas” (vv. 44-46; cfr. Jn. 1,15; 7, 28. 37; 12,44). Jesús obra en nombre de Dios no hace nada por su propia autoridad, sino que actúa en comunión con el Padre y en total obediencia a ÉL, de quien ha recibido la más absoluta autorización. Si vemos son varios los pasajes en que Jesús recibe la aprobación de Juan el Bautista (cfr. Jn. 1,15; al autoproclamación en la fiesta de los Tabernáculos (cfr. Jn. 7, 28; 7, 38). Ahora ÉL sintetiza cuanto ha dicho de sí mismo: Creer en Jesús es creer en Aquel que lo ha enviado. El Padre y Jesús, son una misma cosa; ÉL es reflejo del Padre, acerca al hombre a Dios, lo comunica, lo presenta. Jesús, es la luz de la salvación, portadora de luz verdadera que es vida. Vino para traer luz en medio de las tinieblas, del paganismo, la increencia, rescatar al hombre para que pueda creer en ÉL  y ser salvo. Este grito de Jesús es como la síntesis de todo su ministerio, de su presencia de revelación y de juicio, él es manifestación de la gloria del Padre (Jn. 12, 43). El yo de Jesús queda subordinado al Padre, puesto que ÉL es el Enviado, que da a conocer al Padre. ÉL es la única revelación del Padre (v.44; cfr.Jn.3,15-16; 5,36-38; 6,29.35.40; 7,38;8,19.24.42.45-46), por lo tanto, ver a Jesús es ver a aquel que lo envió (v.45; cfr. Jn.1,4-5; 8,12; 9,5.39; 11,9-10; 12,35-36). El mundo se juzga a sí mismo si acepta o rechaza esta luz, revelación del Padre, y por lo mismo, no es Jesús quien lo juzga. Jesús finalmente centra su atención en la importancia crucial que tiene el creer en su palabra (cfr.Jn.2,1-4,54). Él ha venido a salvar al mundo, sin embargo, éste rechaza su presencia salvífica, por lo tanto, es juzgado (v.47; Jn.3,16-17.34; 5,24; 8,15.31). Es la palabra de Jesús quien juzga a quien lo rechaza; juicio que comienza en esta vida y se prolonga después de la vida (v.48, cfr.Jn.3,18; 5,24.29.44-45; 7,51; 8,40). Pero Jesús hasta en este aspecto depende del Padre puesto que la palabra de Jesús no es suya, como tampoco lo hace en virtud de su propia autoridad. ÉL habla lo que el Padre le ha mandado decir, con lo que afirma que cuanto enseña, con toda confianza se puede creer en ella, puesto que es portadora de vida eterna. Con total confianza y fidelidad Jesús ha hablado la palabra del Padre (vv.49-50; cfr. Jn.4,34; 5,22.30.39; 6,38; 7,16-17; 8,26.28.38; 10,18). Desde el comienzo el evangelista nos había dicho que Jesús era la única revelación del Padre, y que la vida o la muerte, la luz o la oscuridad surgen de la aceptación o rechazo a esta revelación. El ministerio de Jesús concluye con el mismo tema: Jesús s la manifestación de la gloria de Dios y el mundo se juzga a sí mismo si lo acepta o rechaza (Jn.12,44-50). Los judíos han preferido la gloria de los hombres a la gloria de Dios (v.43), pero Jesús decidió llevar a la perfección la labor que el Padre le había encomendado, es decir, dar a conocer la gloria de Dios (cfr. Jn. 4,34; 5,36).Su palabra es vida, comunicarla es su trabajo y misión como Enviado; también la nuestra si la hemos conocido y recibido del Padre por medio de Jesús.  

Santa Teresa de Jesús, invita a las almas a seguir hasta el final en el camino de la oración y contemplación.  “También les parecerá a algunas almas que no pueden pensar en la Pasión; pues menos podrán en la sacratísima Virgen, ni en la vida de los Santos, que tan gran provecho y aliento nos da su memoria. Yo no puedo pensar en qué piensan; porque, apartados de todo lo corpóreo, para espíritus angélicos es estar siempre abrasados en amor, que no para los que vivimos en cuerpo mortal, que es menester trate y piense y se acompañe de los que, teniéndole, hicieron tan grandes hazañas por Dios; cuánto más apartarse de industria de todo nuestro bien y remedio que es la sacratísima Humanidad de nuestro Señor Jesucristo. Y no puedo creer que lo hacen, sino que no se entienden, y así harán daño a sí y a los otros. Al menos yo les aseguro que no entren a estas dos moradas postreras; porque si pierden la guía, que es el buen Jesús, no acertarán el camino; harto será si se están en las demás con seguridad. Porque el mismo Señor dice que es camino; también dice el Señor que es luz, y que no puede ninguno ir al Padre sino por El; y "quien me ve a mí ve a mi Padre". Dirán que se da otro sentido a estas palabras. Yo no sé esotros sentidos; con éste que siempre siente mi alma ser verdad, me ha ido muy bien.” (6M7,6).