Lectio Divina - Miercoles Quinta semana de Pascua .P.Julio Gonzales C. ocd

01.05.2013 22:05

 

Lecturas bíblicas

a.- Hch. 15, 1-6: Controversia en Antioquia.

El problema que plantea este pasaje de los Hechos, es la apertura del evangelio a los gentiles y por otro, el integrismo de los fariseos, que habían abrazado la fe en la comunidad de Antioquía. Se trataba de salvar la libertad  del evangelio, y por otra parte la unidad de la Iglesia. La Fe en Jesucristo, era el último estadio al que lo llevaba la fe del AT. Si bien, aceptaron la novedad del evangelio, la mentalidad judía acerca de la ley y la validez de las prescripciones rituales, (circuncisión, pureza o impureza de alimentos, días sagrados etc., no había cambiado mucho. La fe cristiana se había expresado hasta ese momento en categorías judías, sin embargo, la Iglesia crecía en otro terreno, el de los gentiles. Los interrogantes más importantes, eran el tema de la Ley: ¿qué validez tenía para el nuevo pueblo de Dios? ¿Había una continuidad del plan de Dios respecto del nuevo pueblo de Dios?  Pensaban que los gentiles sólo podían ingresar a este nuevo pueblo si aceptaban la Ley. Pero los cristianos venidos de la gentilidad: ¿debía volver el cristiano al judaísmo? ¿Debía aceptar el bárbaro ritual de la circuncisión y los rituales? El mejor razonamiento, era que una Iglesia que pretendía ser universal, no podía imponer prácticas obligatorias, lo que era propio de un pueblo. Una realidad más abierta era las de las Iglesias de Antioquía y Cesarea, donde se vivía un judaísmo de la diáspora, había judíos y gentiles con una sana convivencia: Pedro, Bernabé y Pablo son testigos de esta realidad (cfr. Hch. 10, 27. 48; 11,3; 11, 23-24). Los judaizantes, fariseos convertidos al cristianismo, exigían la práctica de la Ley (v.1). Pablo lo plantea así: ¿Ley o Cristo? ¿Circuncisión o Cristo? Pablo luchará por la libertad de la Iglesia y del evangelio, libre de la Ley, pero enraizado en las Escrituras. Pablo y Bernabé son enviados a Jerusalén a consultar a los apóstoles, y les narraron las maravillas que Dios había hecho con ellos. 

b.- 15,1-8: La Vid y los sarmientos.

Este evangelio, nos viene hablar de la presencia de Jesús, en la vida de sus discípulos, por medio de la alegoría de la vida y los sarmientos. Jesús, es fuente de vida para sus creyentes y de las obras que realicen. Si bien  hasta ahora, se nos pedía creer en Jesús, ahora se trata de permanecer en ÉL (cfr. Jn. 14-15). Este pasaje es sólo comparable con el tema eucarístico, permanecer en ÉL, comer el pan de vida (cfr. Jn. 6). La vid, planta que exige muchos cuidados, los mismos que el creyente debe tener para con Dios; la destrucción de la viña, era símbolo de las infidelidades  y destrucción de Israel (cfr. Is. 5; Jer. 2, 21; Sal. 80, 13-16; Ez. 19,10-40). Jesús, usa las imágenes campestres, la vid y los sarmientos, conocidas por su auditorio, para hablar de la unión íntima de sus discípulos con ÉL y entre ellos. Esta vid, ya no es Israel, sino Jesús; el viñador es el Padre, Jesús siempre dependiente del Padre. Los frutos son imagen de las buenas obras, su carencia es signo de falte de fe o los que abandonan el camino de fe.  La limpieza (v. 3), o poda, que hace el viñador, es la obra que ha hecho Jesús con sus discípulos, por medio de su palabra, la comunicación que estableció con cada uno de ellos. Porque están limpios deben permanecer en ÉL, aunque Jesús se marche sus discípulos deben permanecer unidos. ÉL promete su presencia en ellos, por lo tanto, la unión con el Maestro permanece por la vivencia de la fe y el amor. De esta íntima unión deben nacer los frutos, es decir, la vida divina, obras buenas que Dios espera de sus hijos. La persona orgullosa, se aparta de Dios, no da frutos de santidad; separación que puede ser definitiva en el día del juicio. Es el sarmiento, que separado de la vid, es echada al fuego. La vida con frutos, es el resultado de la unión con Dios, donde la oración, es el espacio vital entre el alma y Dios. El auténtico discípulo, da frutos para dar gloria a Dios, donde su amor y la obediencia del hombre conforman la respuesta que el Padre espera. La razón última del discipulado, es que el Padre ama al Hijo y el Hijo ama a los que creen en su palabra. Vía obediencia y configuración con Cristo, se llega al amor de unión con Dios; lo mismo que el Hijo vive la unión perfecta con el Padre.

Santa Teresa de Jesús,  reconoce que los esfuerzos por crecer en la vida espiritual es posible sólo por la obra de Jesús en el avance dentro del Castillo Interior.  “Pues hablando de lo que dije que diría aquí, de la diferencia que hay entre contentos en la oración o gustos, los contentos me parece a mí se pueden llamar los que nosotros adquirimos con nuestra meditación y peticiones a nuestro Señor, que procede de nuestro natural, aunque en fin ayuda para ello Dios, que hase de entender en cuanto dijere que no podemos nada sin El (Jn.15,5);  mas nacen de la misma obra virtuosa que hacemos y parece a nuestro trabajo lo hemos ganado, y con razón nos da contento habernos empleado en cosas semejantes. Mas, si lo consideramos, los mismos contentos tendremos en muchas cosas que nos pueden suceder en la tierra: así en una gran hacienda que de presto se provea a alguno; como de ver una persona que mucho amamos, de presto; como de haber acertado en un negocio importante y cosa grande, de que todos dicen bien; como si a alguna le han dicho que es muerto su marido o hermano o hijo y le ve venir vivo. Yo he visto derramar lágrimas de un gran contento, y aun me ha acaecido alguna vez. Paréceme a mí que así como estos contentos son naturales, así en los que nos dan las cosas de Dios, sino que son de linaje más noble, aunque estotros no eran tampoco malos. En fin, comienzan de nuestro natural mismo y acaban en Dios.” (4M 1,4).