Lectio Divina- Miercoles Segunda Semana de Pascua - P. Julio Gonzales C. ocd

10.04.2013 09:45

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 5, 17-26: Prisión de los apóstoles

Por segunda vez los apóstoles van a la cárcel, por seguir predicando en el Nombre de  Jesús. El Sumo sacerdote y los saduceos eran los custodios del templo y los levitas sus guardias. El éxito de la predicación de los apóstoles, lleva a los saduceos a encarcelar a los apóstoles, porque predicaban la resurrección de Jesús, realidad que ellos negaban, pero daba la razón a sus enemigos los fariseos, que sí creían en la vida después de la muerte. Para Lucas, es importante destacar esa unión entre judíos fariseos y cristianos. Liberados por la voz del ángel de la cárcel,  les manda volver al templo y seguir predicando, con lo que se quiere señalar, que en el templo, el lugar más sagrado de Israel, se comienza a reemplazar la Ley de Moisés por el Evangelio de la gracia. Ellos predican palabras de vida, la vida nueva, inaugurada por Cristo Jesús con su palabra y sus obras. Sus palabras son vida que lleva a la plenitud (cfr. Jn.10, 10; Hch. 13,26). Puestas en acción esas palabras conforman la vida cristiana.

b.- Jn. 3, 16-21: Tanto amó Dios al mundo.

Este evangelio nos presenta uno de los textos más profundos de todo el NT. El amor como causa determinante de la presencia del Hijo de Dios entre los hombres. El mor salvífico de Dios se encuentra tras el misterio del levantamiento del Hijo que es Enviado para posibilitar la vida eterna y la salvación del mundo (vv.16-17). El mensaje consiste en indicar por parte de Jesús la inmensidad del amor amoroso de Dios que ha hecho del Hijo para la vida del mundo. El Hijo fue enviado para salvar al mundo no para condenarlo (vv.13-15). Si bien el diálogo se dirige al contexto judío, en las palabras de Jesús encontramos elementos de connotación universal (vv. 16-17), lo que prepara el encuentro de Jesús con los samaritanos  y con un gentil (cfr. Jn.1,12-13; 4,1-54).Si bien tenemos la afirmación del amoroso don del Hijo, que hace el Padre para la salvación del mundo, no para juzgarlo, el tema suscita la idea del Juicio. Antes ha hablado del Hijo del Hombre, figura muy unida a la idea del Juicio, aparece celebrando junto a Dios (cfr. Dn.7). Este Hijo del Hombre que habla y testimonia lo que ha visto de Dios, que bajó del cielo y volvió a él es el amor de Dios en acción. En la primera parte  se hace mención de la encarnación y crucifixión, misterios de salvación, puesto que Dios quiere que el mundo se salve. Por eso manda a su Hijo para conozcamos al Padre y así llegar a la vida eterna (cfr. Jn. 1,18; 17,3). Jesús viene como Salvador, quien cree por medio de la fe, no conocerá el Juicio; además  viene para juzgar a quien no cree en la salvación, no lo acepta como revelador del Padre, Hijo de Dios e Hijo del hombre, se autoexcluye de la salvación, se condena por el rechazo que hace de la salvación. El Juicio proviene del rechazo o la aceptación de la revelación única hecha por Dios en su Hijo (vv.18-19). Vuelve el evangelista al lenguaje de la luz y las tinieblas, la vida (vv.18-21; cfr. Jn. 1,4-8). La fe nos guía a la vida, pero su rechazo produce condenación y muerte; ni el Hijo ni el Padre son Jueces. El rechazo a creer trae consigo la propia condena, que se manifiesta en las malas acciones y en las tinieblas que invaden al hombre (vv.18-19). El Juicio se da en este momento, es el tiempo del Juicio, porque ahora el cristiano se encuentra frente a la revelación del Padre en el Hijo. La escatología joánica recalca la importancia de la respuesta del creyente, no tanto la acción soberana de Dios. La decisión del creyente no se limita a unos momentos de verdad y luz, ante la irrupción de la palabra de Jesús. Termina su discurso con unas palabras que surgen de la situación de creyentes y no creyentes ante el rechazo o aceptación de la revelación de Dios: obrar el mal se origina de amar las tinieblas, ocultar la propia ambigüedad en la oscuridad, así como obrar el bien condice a la luz, con lo que manifiesta que sus obras están hechas según el querer de Dios Padre  (vv.20-21). Para llegar  a la beatitud, se requiere un compromiso diario expresado en las obras. La dificultad de Nicodemo consiste en no aceptar el don que viene de lo alto. Su fe es parcial, no rechaza las palabras de Jesús, pero no se deja guiar por el Espíritu Santo, no va más allá de lo que puede controlar, medir y comprender (cfr.Jn.7,50-52; 19,32-48). No se deja guiar por el Espíritu al no aceptar las realidades celestiales de las que Jesús es portador de parte del Padre.

Santa Teresa de Jesús, contempla en la persona de Jesús todo el amor que el Padre puede manifestar al hombre. “Y este amor que sólo acá dura, alma de éstas a quien el Señor ya ha infundido verdadera sabiduría, no le estima en más de lo que vale, ni en tanto. Porque para los que gustan de gustar de cosas del mundo, deleites y honras y riquezas, algo valdrá, si es rico o tiene partes para dar pasatiempo y recreación; mas quien todo esto aborrece ya, poco o nonada se le dará de aquello. Ahora, pues, aquí -si tiene amor- es la pasión para hacer esta alma para ser amada de él; (5) porque, como digo, sabe que no ha de durar en quererla. Es amor muy a su costa. No deja de poner todo lo que puede porque se aproveche. Perdería mil vidas por un pequeño bien suyo. ¡Oh precioso amor, que va imitando al capitán del amor, Jesús, nuestro bien!” (CV 6,9).