Lectio Divina Miercoles V Semana de Cuaresma - P. Julio Gonzales C. ocd

20.03.2013 10:35

 

Lecturas bíblicas

a.- Dan. 3,1.4-6. 8.12.14-20.24-25.28: Los tres jóvenes en el horno.

Esta lectura de Daniel hay que leerla en clave ya que describe la persecución que sufren los judíos en tiempos de Antíoco IV (s. II a. C.), para mantener la fidelidad del pueblo a la alianza hecha con Yahvé, vuelve el autor su mirada a los tiempos del destierro en Babilonia con el rey Nabucodonor (s. VI a. C.). Cada uno en su tiempo, mandaron a los judíos, bajo pena de muerte, adorar un ídolo: en el caso del rey babilonio su propia estatua, mientras que  Antíoco  mandó poner a Zeuz en el templo de Jerusalén.  Los tres jóvenes se niegan y son condenados a muerte. Pero  Dios los  libra de las llamas de fuego por la acción de su ángel hasta que finalmente el rey Nabucodonosor confiesa su fe en el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago cuando exclama. “Bendito sea el Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios.” (v. 95).

b.- Jn. 8, 31-42: Si el Hijo os libera, seréis libres.

 Sigue Jesús en su discurso y lo dirige a los que lo había seguido en su exhortación, pero que lo seguían con una fe débil, inicial, sin embargo, queda claro que  también había otros que no lo aceptan, es más, quieren matarlo (v. 37.40). Las palabras de Jesús develan que el judaísmo y su doctrina son incompatibles. A aquellos que lo aceptan les pide que permanezcan en su palabra, es decir que mantengan una comunicación vital con Jesús. Permanecer es mantener la aceptación de su persona, como algo vital  para el discípulo; sólo así se conoce la verdad y gusta la verdad, que lleva o converge en la libertad. La muerte ya no tiene domino sobre el discípulo porque vive la experiencia liberadora de la salvación. Se sienten libres sus interlocutores porque son descendencia de Abraham, se sienten orgullosos de ser el pueblo escogido por Yahvé, sin embargo, olvidan la esclavitud de Egipto, Babilonia y otras; Jesús les reconoce ser descendientes del patriarca Abraham, pero no poseen su espíritu, por eso no lo reconocen a ÉL. Quiere salvar al judaísmo, pero a sus interlocutores les falta el espíritu que recibió Abraham de parte de Yahvé. Prosigue el discurso en forma más intima con aquellos que le siguen: Él habla lo que ha visto y oído a su Padre y ellos hablan de Abraham, su padre, pero Jesús los desenmascara, diciéndoles que, el patriarca jamás hubiera querido eliminarlo; por lo tanto Abraham no es su padre. Ellos se defienden argumentando que no son hijos de la prostitución, es decir tienen un Padre y que no se han contaminado con la idolatría, como la llamaban los profetas (cfr. Os. 1,2; Ez. 16, 44). Todo el sentido del discurso de Jesús se centra en la comunión plena con Dios, porque lo ha visto y oído. Rechazar a Jesús, su persona y mensaje, es rechazar  a Aquel que lo envió, por lo mismo tampoco puede ser hijo de Abraham, que era amigo de Dios. La mentalidad judía que rechaza a Jesús no viene de Dios (cfr. Jn. 1, 11), sino de Satanás, padre de la mentira. Por el contrario, la verdad y el amor, son atributos de Dios, quien proviene de ÉL, acoge a Jesús como verdad del Padre y ama   sus palabras y obras. En esta Cuaresma acojamos a Jesús, única verdad del Padre, que vino del cielo para que el hombre participe de esa categoría de ser hijo de Dios.

Teresa mujer que luchó por la libertad interior, como espacio para el crecimiento humano y cristiano del orante, que no nos espante la verdad de lo que somos, para aceptarla con amor y libertad de espíritu. La voluntad entregada totalmente al servicio de Dios, hace realidad el “hágase tu voluntad” en la propia existencia cristiana. “Así que torno a avisar, y aunque lo diga muchas veces no va nada, que importa mucho que de sequedades, ni de inquietud y distraimiento en los pensamientos, nadie se apriete ni aflija. Si quiere ganar libertad de espíritu y no andar siempre atribulado, comience a no se espantar de la cruz, y verá cómo se la ayuda también a llevar el Señor, y con el contento que anda y el provecho que saca de todo; porque ya se ve, que si el pozo no mana, que nosotros no podemos poner el agua. Verdad es que no hemos de estar descuidados, para que cuando la haya, sacarla; porque entonces ya quiere Dios por este medio multiplicar las virtudes.” (Vida 11,17).