Lectio Divina Sabado IV Semana de Cuaresma - P. Julio Gonzales C. ocd

16.03.2013 12:16

 

Lecturas bíblicas

a.- Jer. 11,18-20: Como cordero manso llevado al matadero.

Este texto forma parte de las confesiones de Jeremías (cfr. Jr. 11-20). Descubrimos la pasión de Jeremías, durante el reinado de Joaquín, un impío; estas confesiones, permiten conocer lo humano y lo divino de la vida del profeta, una vocación sufrida y abierta a la acción del Espíritu. Es el justo, que sufre a manos de sus enemigos, el cordero llevado al matadero, así había sido su vida, un dejarse llevar. Acude a Dios pidiendo justicia, ya que sufre por ser profeta de Yahvé, y por eso, además pide venganza. Mientras el profeta pide venganza, Jesucristo desde su cruz perdonará a sus enemigos en su hora de muerte (Lc. 23,34). Ambos quisieron que viniera el Reino de Dios a los hombres, pero ¿cómo podía venir sin venganza?, como pedía el profeta, amándolos a todos, como enseñará Jesús.

b.- Jn. 7, 40-53: Discusiones sobre el origen de Jesús.

Este evangelio nos presenta las nuevas discusiones acerca del origen de Jesús (cfr. Jn. 7, 25-30). División de opiniones en el pueblo, unidad en los dirigentes, Nicodemo, débil voz, los guardias no obedecen las órdenes recibidas, porque sienten la voz de su conciencia.  La revelación de Jesús avanza, lo que crea la reacción de los oyentes que lo van identificando con figuras escatológicas: el profeta, el Mesías o Cristo. Este es el profeta, porque acaba Jesús se prometerles para quienes crean en ÉL, Moisés les había dado agua en el desierto, golpeando la roca, el profeta de los últimos tiempos sería semejante a Moisés (cfr. Dt.18, 15). Otros le veían como el  iniciador de una nueva era, cumplimiento de la profecía según la cual brotaría una fuente en el templo de Jerusalén cuyas aguas transformarían el desierto en un vergel (cfr. Ez. 7, 37-39). Otros lo rechazan como Mesías, porque éste, no podía venir de Galilea, sino de Belén, tierra de David. Resulta que Jesús no nació en Galilea, sino en Belén, la ciudad de David. Aunque hubieran conocido el origen de Jesús lo hubiesen rechazado lo mismo. Los dirigentes, sacerdotes y fariseos, les reprochan a los guardias, que también se han dejado engañar, y que ninguno de ellos, magistrados y fariseos ha creído en Él. Todo argumento que no entre en sus categorías legales es condenada. El rechazo de Jesús, se hace desde el estudio de la Escritura (v.42).  Los guardias enviados por los dirigentes religiosos, quedan admirados de la doctrina de ese hombre, que ellos debían detener. Se confirma con ello que Jesús, es un hombre enviado por Dios, la sabiduría que brota de sus labios viene de lo alto (v. 46). La tiranía de la Ley que ellos, fariseos habían impuesto, hacía malditos a todos aquellos, que no conocían la Ley, porque estaban convencidos que sólo ellos cumplían perfectamente la voluntad de Dios (vv.47-50). Nicodemo, pide que no se le condene sin haberlo escuchado, como manda la Ley. El juicio que emite responde a razones humanas.  De Galilea no podía venir anda bueno, es lo que ellos creían, pero la respuesta es equivocada porque sí vino de Galilea un profeta: Jonás, nacido cerca de Nazaret (cfr. 2 Re. 14, 25).  En ninguna parte de la Ley, se enseña que Dios  no pueda  elegir un profeta de Galilea. El problema era que los judíos identificaban, Judea con el lugar de la salvación; en cambio, Galilea para ellos, era un lugar de oscuridad, porque los judíos convivían con los paganos. Ellos debían haber leído las Escrituras, porque de Galilea vino la luz de la salvación, como había anunciado el profeta (cfr. Is. 8, 23 - 9,1; Mt. 4,15). Ahora la luz de salvación está en nuestra orilla, gocemos de la salvación que nos trajo Jesús, desde su misterio personal y entrega en su misterio pascual.

Si hay una cosa que caracteriza a Teresa de Jesús es su realismo, es decir, su visión de Cristo, todo humano y tan divino, lleno de trabajos y dolores; gozos y alegrías. Su delicia es estar con los hombres.  Lo mismo el hombre en camino de fe, no puede en ese campo, sino asumir su compromiso con Cristo y vivirlo en Dios. “Esto no es tan ordinario, que en negocios y persecuciones y trabajos, cuando no se puede tener tanta quietud, y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía. Y habiendo costumbre, es muy fácil hallarle cabe sí, aunque veces vendrán en que lo uno ni lo otro no se pueda. Para esto es bien lo que ya he dicho: no nos mostrar a procurar consolaciones de espíritu, venga lo que viniere; abrazado con la cruz, es gran cosa. Desierto quedó este Señor de toda consolación; solo le dejaron en los trabajos; no le dejemos nosotros, que, para más subir, El nos dará mejor la mano que nuestra diligencia y se ausentará cuando viere que conviene y que quiere el Señor sacar el alma de sí, como he dicho.” (Vida 22,10).