Lectio Divina -Sabado Quinta Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C. ocd

04.05.2013 14:07

 

Lecturas bíblicas

a.- Hch. 16,1-10: Pablo inicia el segundo viaje.

Hasta ahora Pablo y Bernabé, habían trabajado juntos, pero debido a alguna discusión a motivada por Juan Marcos, que no les ayudó en sus tareas en Panfilia, Pablo toma por compañero a Timoteo. (cfr. Hch.15, 37-40). Lo curioso, es que Pablo, circuncidó a Timoteo, por ser hijo de madre judía y padre griego. La razón de claudicar de sus propias convicciones, porque predicaba todo lo contrario, fue para evitarle a él problemas entre los judíos (v.3). La verdadera razón, es que como hijo de madre judía, debía ella haber cumplido con lo que mandaba la Ley, no estarlo para él, significaba haber vivido un judaísmo desobediente o emancipado. Pablo, quería judíos convertidos al cristianismo, pero no judíos, emancipados o desobedientes. Es verdad que Timoteo ya era cristiano, y la circuncisión no añadía nada, pero era más práctico, para su tarea entre los judíos convertidos. A Lucas, le interesa acentuar la buena disposición de Pablo y Timoteo, de actuar de acuerdo a la Iglesia madre de Jerusalén. No convenía que un apóstol, tuviera un pasado reprobable en el judaísmo, luego convertido al evangelio, acompañase a Pablo en la tarea evangelizadora. Timoteo, no estaba en la misma situación que los gentiles, de ahí, que la circuncisión sanaba de raíz esta situación. Estos dos apóstoles se convierten en voceros del decreto dispuesto por la Iglesia de Jerusalén; por otra parte, se confirma que la tarea evangelizadora con los gentiles, está en conformidad con toda la Iglesia. Si bien Pablo, quiere ir a la provincia de Asia (Éfeso, Pérgamo),  el Espíritu de Jesús, lo envía a Macedonia. Lucas, quiere resaltar que son guiados por el Espíritu de Jesús, en esa empresa, como también en otras (vv. 6-7); en el evangelio nos lo presentó como un hombre lleno del Espíritu Santo, ahora nos lo presenta a Jesús, exaltado a la derecha del Padre, glorificado, y actuando a través de su Espíritu.

b.- Jn. 15,18-21: El odio del mundo a Cristo y a sus discípulos.

El discurso de Jesús, pasa del amor por sus discípulos y entre ellos, pero al vivir en el mundo, encontrarán lo opuesto al amor, el odio. Lo opuesto a la Iglesia, en Juan es el mundo. Los discípulos son amados por Jesús, son sus amigos; pero el mundo los odia; los discípulos conocen a Jesús y al Padre; el mundo no los conoce. La Iglesia fue perseguida por los judíos, luego por los paganos, pero Jesús lo anunció: la persecución es parte de la vida del cristiano. El mundo los odia, porque no son suyos, los cristianos no le pertenecen, son de Jesucristo el Señor. La vida del cristiano, es una condena y testimonio contra él por sus pecados. La persecución le llegó a la Iglesia desde el judaísmo, y el discípulo no será más que su Señor. Si Jesús murió crucificado, la suerte del discípulo, no puede ser otra que la persecución y cruz,  para llegar a la Resurrección. ¿Qué puede esperar el cristiano que vive de la palabra y predica la muerte y resurrección de su Señor? Pero también, hay hombres y mujeres que amaron y aman a Jesús, mientras estuvo entre los hombres por el testimonio que dio con su vida, palabra y obras; pero también hoy, porque por medio de su Espíritu trasforma la vida de hombres y mujeres que tienen fe en su resurrección fuente de todos los bienes para los creyentes. Hoy más que nunca se diferencia entre quienes aman a Jesús y quienes, son indiferentes. Hay una cosa que es verdad en todo esto: que muchos no aman a Jesús, porque no lo conocen, lo mismo podemos decir de la labor de la Iglesia a favor de los pobres, enfermos, ancianos, trabajo en colegios y universidades, misiones etc. La razón de este desconocimiento o indiferencia, es porque ahí hay un compromiso de amor y fidelidad, de entregar la vida por Jesucristo, su evangelio y la Iglesia, a favor del prójimo. Los que se comprometen con Cristo, lo hacen desde una convicción profunda de fe,  los que no lo hacen, tendrán sus razones, pero una de ellas es la falta de compromiso en la vida, no sólo en la fe, sino con el amor, la fidelidad matrimonial, la paternidad o maternidad, etc. Necesitamos creer en Jesús, para tener vida verdadera y comprometida, su carencia es no vivir de verdad.

Santa Teresa de Jesús, vive con humildad la fe y con mucho realismo lo que incluye el padecer por la fe en Cristo.  “Tornando al segundo punto, nosotros no somos ángeles, sino tenemos cuerpo. Querernos hacer ángeles estando en la tierra y tan en la tierra como yo estaba es desatino, sino que ha menester tener arrimo el pensamiento para lo ordinario. Ya que algunas veces el alma salga de sí o ande muchas tan llena de Dios que no haya menester cosa criada para recogerla, esto no es tan ordinario, que en negocios y persecuciones y trabajos, cuando no se puede tener tanta quietud, y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y vémosle con flaquezas y trabajos, y es compañía y, habiendo costumbre, es muy fácil hallarle cabe sí, aunque veces vendrán que lo uno ni lo otro se pueda. Para esto es bien lo que ya he dicho: (28) no nos mostrar a procurar consolaciones de espíritu; venga lo que viniere, abrazado con la cruz, es gran cosa. Desierto quedó este Señor de toda consolación; solo le dejaron en los trabajos; no le dejemos nosotros, que, para más sufrir, El nos dará mejor la mano que nuestra diligencia, y se ausentará cuando viere que conviene y que quiere el Señor sacar el alma de sí, como he dicho.” (V 22,10).