Lectio Divina Viernes Cuarta Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C. ocd

26.04.2013 09:11

 

Lecturas

a.-Hch. 13, 26-33: Las promesas han sido cumplidas en los hijos.

Continuamos en la sinagoga de Antioquía de Pisidia y Pablo sigue su exhortación: el evangelio es la consumación de todo cuanto Yahvé había prometido a su pueblo. Pablo, les recuerda que son raza de Abraham, hombres temerosos de Dios, a ellos es dirigida hoy, una palabra de salvación. Los jefes del pueblo cumplieron las Escrituras, sin saberlo, dice el apóstol, las mismas que se leen lo sábados, cuando pidieron la muerte de Jesús. Revive la Pasión cuando les recuerda que fue crucificado, muerto y sepultado, pero Dios lo resucitó, se apareció a sus discípulos, convertidos hoy en sus testigos. El argumento esencial es que la Buena Nueva, el mensaje que él les anuncia,  que todo cuanto Dios prometió a los padres, lo ha cumplido en los hijos, es decir, en ellos sus interlocutores, al resucitar a Jesús de entre los muertos (cfr. Sal. 2,7). Es el kerigma anunciado a los primeros destinatarios de la promesa, los judíos, pero que desde el rechazo a Jesús y su evangelio,  luego a los apóstoles, se abre a los gentiles.

 

b.- Jn. 14, 1-6: Yo soy el camino, la verdad y la vida.

El evangelista nos introduce en el clima de una verdadera despedida de Jesús de sus discípulos, luego del anuncio de la traición de Judas y la negación de Pedro (cfr. Jn.13,26s; v.36s). Era comprensible la consternación tras los mandatos y profecías de lo vivido por la comunidad apostólica, lo superan con una renovación de su fe y confianza en Dios y en Jesús (cfr. Jn.13,1-38). “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también mí” (vv.1-2). Jesús se concentra en explicar el significado de su partida, pero antes les pide fe y confianza en Dios y en ÉL. Jesús se dirige a la Casa del Padre, donde hay muchas moradas, espacio de Dios destinado para que moren los discípulos. Lo ha dicho Jesús, ahora les pide que crean a su palabra. Él se va para prepararles la posibilidad a ellos y todos los que crean en la posteridad, de una comunión perdurable con su Padre. Jesús va al Padre para prepararles un lugar a los suyos pero regresará en el futuro para llevar a los discípulos donde ÉL se encuentra. Juan sabe equilibrar la escatología tradicional, con el presente, es decir, con lo que se está realizando. Surge la idea de un tiempo entre la partida de Jesús y su regreso, pero subsiste la idea de una presencia continua de Jesús en la comunidad eclesial. Este evangelio ha insistido en que llega un tiempo, ya presente, en que los que creen en el Hijo ya tienen vida eterna (cfr. Jn.3,15.26.36;4,14.36;5,24-25; 6,27.35.47.56.63; 10,10.28; 11,25-26; 12,50). Su partida es fundamental, además les favorece, es más,ya saben el camino para ir al Padre, porque lo conocen a ÉL saben por dónde va Jesús (v.4). Los discípulos saben que Jesús retorna al Padre por una experiencia de muerte (cfr. Jn.10,38; 12,27-28), que es al mismo tiempo, su camino de su glorificación y la de Dios (cfr. Jn.11,4.40;12,23.32-34; 13,31.32). La pregunta de Tomás es la llave que abre el misterio de la comunión y la respuesta de cómo realizarlo. “Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Le dice Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (vv. 5-6). La pregunta de Tomás refleja quizás la poca disposición a afrontar todas las implicancias de lo que significa seguir a Jesús hasta el final. Aunque sepan dónde va, la pregunta justifica una nueva enseñanza sobre el camino y que Jesús haga su auto revelación como el Camino que conduce al Padre. El camino hacia la casa del Padre es Cristo Jesús, por lo mismo, es la Verdad y la Vida hacia Dios; es la Verdad y la Vida para el discípulo que lo conoce y ama. Jesús proclama su identidad, es la Verdad, pero además, proclama lo que hace, como Camino, conduce los hombres al Padre, la única revelación salvífica de Dios. Dios se revela en la vida y obra de Jesús, y los discípulos debe saber que Jesús va al Padre por medio de un levantamiento y una muerte. Su camino es de una generosa donación hasta la muerte; también éste debe ser el camino de sus seguidores. De la exhortación a la confianza, Jesús les ha enseñado a los discípulos cómo ha de ser también su partida, consecuencia de la propia partida hacia la Casa del Padre. La fe y la confianza de los discípulos en Jesús ha de ser el único camino para alcanzar la meta: la unión con el Padre.   

Santa Teresa de Jesús, defiende la Humanidad de Cristo como seguro camino hasta el final de la vida mística. “También os parecerá que quien goza de cosas tan altas no tendrá meditación en los misterios de la sacratísima Humanidad de nuestro Señor Jesucristo, porque se ejercitará ya toda en amor. Esto es una cosa que escribí largo en otra parte (3), y aunque me han contradecido en ella y dicho que no lo entiendo, porque son caminos por donde lleva nuestro Señor, y que cuando ya han pasado de los principios es mejor tratar en cosas de la divinidad y huir de las corpóreas, a mí no me harán confesar que es buen camino. Yo puede ser que me engañe y que digamos todos una cosa; mas vi yo que me quería engañar el demonio por ahí, y así estoy tan escarmentada que pienso, aunque lo haya dicho más veces (4), decíroslo otra vez aquí, porque vayáis en esto con mucha advertencia; y mirad que oso decir que no creáis a quien os dijere otra cosa. Y procuraré darme más a entender, que hice en otra parte; porque por ventura si alguno lo ha escrito, como él lo dijo (5), si más se alargara en declararlo, decía bien; y decirlo así por junto a las que no entendemos tanto, puede hacer mucho mal.” (6M 7,5).