Lectio Divina Viernes IV Semana de Cuaresma - P. Julio Gonzales C. ocd

15.03.2013 08:41

 

 

Lecturas bíblicas

a.- Sab. 2,1-12-22: Condenaremos a muerte al justo.

Esta primera lectura, se considera la más realista y vigorosa de toda esta obra del libro de la Sabiduría.  Reproduce los sentimientos y actitudes perversas  de los impíos (vv. 10-20), contra el ser humano, los hombres justos y contra la vida presente (vv. 6-9). La actitud del impío es opuesta a la sabiduría, ella está abierta a la vida, todo se hizo para que subsistiera, la justicia es inmortal (cfr. Sab. 1, 13-15). La actitud del impío, es quejarse de lo corta y triste que es la vida; ante la muerte siente pavor (cfr. Sab. 2, 1), porque no tiene fe. En otros libros sapienciales, encontramos expresiones similares, pero con la diferencia que estos son creyentes (cfr. Job 14,1-2; Ecle. 3, 18-21). La trama de los malvados contra los justos es real, los fieles son judíos piadosos, que viven rodeados de paganos y judíos apóstatas. Estos últimos son los verdaderos impíos; los primeros son creyentes, los segundos son agnósticos. Más aún, éstos aluden razones para odiar a los justos: su conducta los condena, se glorían de conocer a Dios (cfr. Rm. 2, 17-20), su presencia es un continuo reproche, porque su vida es distinta por los valores que la sustenta y los impíos piensan, finalmente, que los consideran bastardos, impuros, por lo que se apartan de ellos. Vemos como los impíos, ya no sólo maquinan contra los justos, sino que actúan contra ellos (vv.17-20), y persiguen y dan muerte a los buenos. Esto es anuncio de la pasión de Cristo, el Justo de los justos, objeto de ira de los pecadores (cfr. Mt. 2743; Hch. Heb.12,3). El juicio que hace el autor sobre los impíos es claro: “Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad, ni creen en el premio de las almas intachables. Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo, entró la muerte en el mundo,  y la experimentan los que le pertenecen.” (vv. 21-24).

b.- Jn. 7, 1-2.10. 25-30: Trataban de prender a Jesús.

Este evangelio nos presenta los pasos de Jesús, por donde le dejan estar: si bien en Galilea no se le comprende, es tolerado. Los galileos lo aceptan con sus milagros, aunque no creen en ÉL, ni en su mensaje; no así en Judea, donde le buscan para matarlo (v.1). La invitación que le hacen sus hermanos, es decir, algunos galileos a subir a Jerusalén para presentar su mensaje, precisamente a ese mundo de los judíos venidos de la diáspora, con motivo de la fiesta de las Tiendas. Pero rechaza la invitación, porque no ha llegado su hora, su tiempo. Percibe Jesús, que el  mundo no puede recibir su palabras, porque sus obras son perversas. Estos hermanos de Jesús, galileos nacionalistas, aceptan el protagonismo de Jesús, pero no su causa, es decir, el nuevo éxodo de Israel a que los guía el Mesías. Vemos como el evangelista pone a Jesús, como necesario para Israel, pero eso revela el grado de culpabilidad de todos estos estamentos: las autoridades por condenarle sin escuchar su mensaje; otros le ven como un peligro, porque engaña al pueblo, un grupo lo considera bueno, pero no lo defienden ante los dirigentes (vv.11-13). Decidido, Jesús sube a Jerusalén a la fiesta y se puso a enseñar libremente, no fue a celebrar la fiesta, ni va a hacer milagros como le pedían sus hermanos, sino a dar a conocer su mensaje, sin  ningún alarde. Le acusan todavía de haber sanado al paralítico en sábado, pero ellos tampoco guardan el sábado, porque permiten la circuncisión ese día: si se sana un miembro, cuanto más al hombre entero (cfr. Jn.7, 23). La gente queda admirada del dominio que tiene Jesús de las Escrituras, sin haber ido a las escuelas rabínicas, sin embargo apela a que una doctrina no es suya, si no de Aquel que lo envió. Se ve que la perciben su doctrina, como algo sublime, hasta llegan a pensar, no será que las autoridades lo habrán reconocido como el Mesías que tenía que venir (v. 26). Hay algo que se opone a tal reconocimiento: a Jesús todos le conoce su origen, en cambio, el Mesías tenía origen desconocido, según la mentalidad de los judíos (vv. 28-30). Lo que hace Jesús, es manifestar que si bien todos conocen su origen, les quiere mostrar, que es un enviado del Padre, es veraz, como el que lo envió. ÉL posee un conocimiento de Dios muy superior, al que tienen sus oyentes, que viene de la Escritura; es el único que conoce a Dios. Son precisamente las Escrituras, las que preparan al hombre para recibir este auténtico conocimiento de Dios (cfr. Jn. 1, 18; 7, 20-29). Esa identificación: “Yo le conozco” (v. 29), bastó para provocar la decisión de apresarlo, pero escapó, porque todavía no había llegado su hora. El ser de Jesús, su identidad más profunda, es ser Enviado del Padre. Esta es la gran diferencia de Jesús con todos los profetas, lo divino en ÉL, radica precisamente en lo humano. Acompañemos a Jesús, en todo este proceso de revelación de su misterio en esta Cuaresma que culmina en la Cruz y Resurrección, del Revelador del Padre.

Teresa de Jesús, profundiza su conocimiento de la Humanidad de Cristo, precisamente en su Pasión. “Pues, tornando a lo que decía, ponémonos a pensar un paso de la Pasión, digamos el de cuando estaba el Señor a la columna. Anda el entendimiento buscando las causas que allí da a entender, los dolores grandes y pena que Su majestad tendría en aquella soledad, y otras muchas cosas que, si el entendimiento es obrador, podrá sacar de aquí; o que si es letrado, es el modo de oración en que han de comenzar y demediar y acabar todos, y muy excelente y seguro camino, hasta que el Señor los lleve a otras cosas sobrenaturales. Digo todos, porque hay muchas almas que aprovechan más en otras meditaciones que en la de la sagrada Pasión; que, así como hay muchas moradas en el cielo (Jn 14, 2), hay muchos caminos… Y es admirable manera de proceder, no dejando muchas veces la Pasión y Vida de Cristo, que es de donde nos ha venido y viene todo el bien.” (Vida 5,13).