Lectio Divina Viernes Quinta Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C. ocd

03.05.2013 16:30

 

 

Lecturas bíblicas

a.- Hch. 15, 22-31: Carta apostólica de Jerusalén.

De la reunión conciliar de Jerusalén, sale una resolución respecto a la obligatoriedad  para los gentiles, que se incorporaban a la Iglesia. Nombran dos delegados propios, Judas y Silas,  además de Pablo y Bernabé  embajadores de la comunidad de Antioquía, llevan por escrito lo acordado. Esta decisión deja ver la  autoridad de la Iglesia de Jerusalén. La carta en cuestión, es enviada a Antioquía y otras comunidades que habían sido violentadas, en cierta forma, por las palabras de los judaizantes. La decisión de proclamar la libertad del Evangelio, respecto a la Ley fue asumida por el Espíritu Santo y los miembros de la comunidad. Santiago, movido por el Espíritu Santo, habla basado en la Escritura (cfr. Am. 9,11-12), pero además supo exponer el pensar de la comunidad. Vemos la profunda convicción de Hechos, que el Espíritu Santo, actúa en la Iglesia, no sólo en los momentos de conflicto o crisis, o cuando hay que tomar una decisión, sino siempre. El Espíritu Santo y los dirigentes de la comunidad, son los dos testimonios autorizados para tomar una decisión trascendental para la Iglesia y su futuro.  Las cuatro prohibiciones están tomadas del libro del Levítico: no contaminarse con la carne ofrecida a los ídolos; la abstenerse de la fornicación; la prohibición de comer animales con su sangre, prohibido consumir su misma sangre (cfr. Lv. 17, 8. 10ss; 18, 6-18). Se trata de evitar la idolatría y la inmoralidad sexual, ideas que rechazaba la Ley de Moisés y los propios judíos. Este comunicado causó gran alegría en la Iglesia, porque las Escrituras se habían cumplido en su tiempo y en esos acontecimientos que les tocaban de forma directa. No es de menor importancia la alabanza que el autor reserva para Pablo y Bernabé, como hombres que han consagrado la vida por la causa de Jesucristo, el Señor (v. 26). Alabanza no menor si se piensa que Lucas, no menciona los sufrimientos que ello significó, sobre todo para Pablo, pero define la vida del apóstol como una consagración total a la causa del evangelio, respuesta de fe a la entrega que hizo Jesucristo de sí mismo por los hombres (cfr. 2 Cor. 8, 5; Mc. 10, 45; Jn. 10, 17-18). Crecía la importancia de Jerusalén, que apoya y confirma la acción de Pablo y condena el obrar de los judíos convertidos.

 b.- Jn. 15, 12-17: Esto os mando: que os améis unos a otros como yo os he amado.

La comunión de amor y vida de Jesús con sus  discípulos, tiene un origen trinitario. Jesús revierte el amor que recibe del Padre en ellos, como es amado ÉL, así ama a los suyos. Los discípulos son llevados a ese grado de amistad y comunión y permanecerán en él, si guardan su mandamiento nuevo: el amor al prójimo. Amarse con entre ellos, con la misma fuerza con ÉL, los ha amado. Todos los mandamientos Jesús, los resume en su mandamiento. Su mandamiento y el mandamiento nuevo, son una misma realidad, porque nacen de una realidad más profunda: como yo os he amado (cfr. Jn.13, 1. 30). Hemos sido elegidos por Jesús, y por ellos, nos eleva a la categoría de sus amigos. Verdadera amistad que nace de Jesús para con sus discípulos porque ÉL nos amó primero (cfr. 1Jn. 4, 19); el nombre propio del discípulo, es amigo y no siervo. La amistad en la Biblia, nos presenta ejemplos admirables como la de David y Jonatán, aunque será en la corriente sapiencial la que explicará mejor esta realidad (cfr.1Sam. 18, 1-14-19, 1-20). Será Juan, quien hable de este tema, al designar al Bautista, como el “amigo del Esposo” (cfr. Jn.3,29), Lázaro su “amigo” (cfr. Jn.11,11) y el discípulo “amado” (cfr. Jn. 20,2). La razón última, que tiene Jesús para llamar amigos a sus discípulos es la comunicación de su intimidad, es decir, les comunica a sus discípulos, lo que ha oído del Padre. El Hijo ha sido traspasado por la experiencia del Padre, y la comunica, haciendo su voluntad, no la ha guardado para sí, sino que les hace partícipes de ella. Ahora los amigos del Hijo, conocen los secretos del Padre. De este permanecer en comunión con el Padre y el Hijo, y los hermanos entre sí, nacen las obras, los frutos que también deben permanecer, como la mencionada amistad divina. Todas las preces hechas por los amigos de Jesús serán escuchadas o atendidas por al Padre. Jesús termina su discurso con la insistencia del amor fraterno.  

Santa Teresa de Jesús,  hablando de cómo Dios puede de la meditación subirla a la perfecta contemplación por el determinado amor que ponemos en ello. “¡Oh dichoso cuidado, hijas mías! ¡Oh bienaventurada dejación de cosas tan pocas y tan bajas, que llega a tan gran estado! Mirad qué se os dará, estando en los brazos de Dios, que os culpe todo el mundo. Poderoso es para libraros de todo, que una vez que mandó hacer el mundo, fue hecho: su querer es obra. Pues no hayáis miedo que si no es para más bien del que le ama, consienta hablar contra vos: no quiere tan poco a quien le quiere. Pues ¿por qué, mis hermanas, no le mostraremos nosotras, en cuanto podemos, el amor? Mirad que es hermoso trueco dar nuestro amor por el suyo. Mirad que lo puede todo y acá no podemos nada sino lo que El nos hace poder. Pues ¿qué es esto que hacemos por Vos, Señor, Hacedor nuestro? Que es tanto como nada, una determinacioncilla. Pues si lo que no es nada quiere Su Majestad que merezcamos por ello el todo, no seamos desatinadas. ¡Oh Señor! que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa sino al camino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas y tropiezos y erramos el camino por no poner los ojos -como digo- en el verdadero camino. Parece que nunca se anduvo, según se nos hace nuevo. Cosa es para lastimar, por cierto, lo que algunas veces pasa.” (CV 16,10-11).