Lectio Divina . Viernes Tercera Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C.ocd

19.04.2013 09:35

 

Lecturas bíblicas

a.- Hch. 9, 1-20: Conversión de San Pablo.

La primera lectura nos presenta la conversión de Pablo. Tres veces narra Pablo este encuentro con Cristo Resucitado, lo que habla de su importancia, pero hay que destacar además, que él no sólo lo narra sino que lo afirma: ha visto el Señor (cfr. 9, 1; 15,8; Gál. 1,15). Para Pablo su conversión y vocación fue algo inmediato, en cambio, también sabemos que hubo personas, que mediaron en este proceso de hacerse cristiano (cfr. Gál. 1, 1. 11-12; 9,10). El diálogo que encontramos al comienzo presenta a Jesucristo con la iniciativa, como siempre, llamando al hombre, éste responde, pero es Cristo, quien tiene la última palabra. Comunica su voluntad y la misión que le encomienda, Pablo la recibe (cfr. Hch. 9, 4-6; 22,7-10; 26,14-16). La misión que le encomienda al Señor, recreado por Lucas, tiene elementos que describen la vocación y la misión de los grandes profetas de Israel (cfr. Ez.1-2; Jer.1; Is.6), y Jesús se dirige a Pablo, como si Yahvé llamara a uno de los antiguos profetas, y ofrece la llamada vocacional. La visión de Pablo, y Ananías, hablan a las claras que es Dios quien dirige esta historia de salvación, para este instrumento, elegido del Resucitado (cfr. Hch. 9, 10-16). La aparición de Cristo a Pablo transformó toda su existencia, lo encaminó hacia una misión que le fue encomendada por Dios: la conversión de los gentiles.

b.- Jn. 6, 51-59: Mi carne es verdadera comida.

El evangelista Juan nos presenta un avance, respecto a lo que nos viene diciendo sobre el Pan de vida. Un primer paso, será creer en Jesús, para tener vida eterna, ahora se agrega, el hecho que debemos comer su carne (v. 51), para tener el mismo efecto. El protagonismo que hasta ahora tenía como dador del pan de vida, pasa al Hijo, que da a comer su carne y su sangre. Comer en este contexto, se refiere a la Institución de la Eucaristía; la palabra carne, nos relaciona más al momento de la Institución, que la palabra cuerpo. Su misma carne es el Pan de vida, Jesús habla en futuro, de su muerte, alusión a la Encarnación y la Eucaristía. Queda unido el significado eucarístico con el aspecto sacrificial (cfr. 1 Cor. 11,24; 3, 15-16). Comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo, nos habla de un Cristo Dios y Hombre verdadero. La Eucaristía perpetúa el misterio de la Encarnación y de la muerte y Resurrección de Cristo. La vida eterna nos viene de la participación activa, creyente en el Sacramento: sin fe no hay Eucaristía. Vida eterna y resurrección en el último día (v. 54) nos hablan de una escatología futura y otra presente, la misma que nos viene por la unión al Hijo del Hombre, por la Eucaristía (cfr. 1 Cor. 11, 26; Mc. 14, 25; Lc. 22, 18). Esta vida eterna se obtiene viviendo la comunión con Jesús,  la misma que existe entre el Padre y el Hijo, es decir, comer y beber, su cuerpo y sangre, nos da vida eterna, comunión de amor y conocimiento.

Santa Teresa de Jesús, comenta la petición de Jesucristo al Padre en la oración que nos enseñó.  “Pues en esta petición, "de cada día" parece que es "para siempre". Estando yo pensando por qué después de haber dicho el Señor "cada día", tornó a decir "dánoslo hoy, Señor", ser nuestro cada día, me parece a mí porque acá le poseemos en la tierra y le poseeremos también en el cielo, si nos aprovechamos bien de su compañía, pues no se queda para otra cosa con nosotros sino para ayudarnos y animarnos y sustentarnos a hacer esta voluntad que hemos dicho se cumpla en nosotros.  El decir "hoy", me parece es para un día, que es mientras durare el mundo, no más. ¡Y bien un día! Y para los desventurados que se condenan, que no le gozarán en la otra, no es a su culpa  si se dejan vencer, que El no los deja de animar hasta el fin de la batalla; no tendrán con qué se disculpar ni quejarse del Padre porque se le tomó al mejor tiempo. Y así le dice su Hijo que, pues no es más de un día, se le deje ya pasar en servidumbre; que pues Su Majestad ya nos le dio y envió al mundo por sola su voluntad, que El quiere ahora por la suya propia no desampararnos, sino estarse aquí con nosotros para más gloria de sus amigos y pena de sus enemigos;  que no pide más de "hoy", ahora nuevamente; que el habernos dado este pan sacratísimo para siempre, cierto lo tenemos. Su Majestad nos le dio -como he dicho- este mantenimiento y maná de la Humanidad, que le hallamos como queremos, y que si no es por nuestra culpa, no moriremos de hambre; que de todas cuantas maneras quisiere comer el alma hallará en el Santísimo Sacramento sabor y consolación. No hay necesidad ni trabajo ni persecución que no sea fácil de pasar, si comenzamos a gustar de los suyos” (CV 34,1-12).