Lectio Divina - Jueves Quinta Semana de Pascua - P.Julio Gonzales C. - ocd

02.05.2013 09:29

 

Lecturas bíblicas:

a.- Hch. 15,7-21: Concilio de Jerusalén.

El tema de este pasaje de los Hechos, es si los gentiles, deben abrazar la Ley de Moisés. El discurso y defensa del evangelio y la unidad de la Iglesia la hace Pedro. Fue este apóstol,  el que inició este trabajo con Cornelio y la Iglesia de Jerusalén estuvo de acuerdo. Es Dios quien envió el Espíritu Santo sobre gentiles y judíos en esa ocasión. La purificación que hizo Dios en el corazón de os gentiles, los judíos creían que se lograba por la Ley, en cambio, ahora es por la fe. Recordemos que ellos llamaban impuros  a los gentiles, lo que significaba distancia. Ahora bien, si la fe purifica la conciencia del creyente, es absurdo soportar el peso de la Ley o yugo de la Ley; si era pesada para los judíos, para  los gentiles, resultaba intolerable. ¿Qué sentido tenía imponérsela a ellos? Lo más importante, es que el hombre se salva por la fe en Jesús y no por la Ley. Luego vino la intervención de Pablo y Bernabé, que contaron las maravillas que hacía el Señor en medio de los gentiles. El discurso de Santiago, a modo de síntesis, quiere ser una confirmación de lo dicho por Pedro y Pablo, pero también una adhesión pero ordenada a justificar desde la Escritura, lo vivido por sus hermanos Pablo y Bernabé (cfr. Am. 9, 11-12; Jer. 12, 15). Conseguida la libertad del evangelio respecto a la Ley, había que disponer algunas obligaciones a los cristianos venidos de la gentilidad. Tenemos entonces el decreto de los apóstoles con cuatro prohibiciones, tomadas del Levítico: no contaminarse con la carne ofrecida a los ídolos ofrecida en los templos paganos y mucho menos comerla en los rituales de ellos, ni comprarla en el mercado (cfr. Lev.17,8); abstención de la fornicación, se refiere al matrimonio por razones de parentesco (cfr. Lev. 18, 6-18); comer animales con su sangre, es decir, los que habían muerto sin sangrar, y la misma sangre. Para ellos la vida está en la sangre y por lo tanto es de Dios (cfr. Lev. 17, 10ss). Si vemos, las prohibiciones se trata de aspectos que más rechazaba la mentalidad judía: la idolatría y la inmoralidad sexual. Con este primer concilio y decreto quedan abiertas las puertas para el ingreso de los gentiles a la Iglesia de Dios. 

b.- Jn. 15, 9-11: Permaneced en mi amor.

Este pequeño texto de Juan, nos introduce en el mandamiento del amor, que viene de arriba: Movimiento de amor que viene del Padre, enviando por amor el Hijo para estar con los hombres. El Hijo por amor al Padre, acepta esta misión, y trae consigo, este amor salvador a los hombres, de esta manera el movimiento vuelve, del hombre a Cristo y de Cristo al Padre. Es desde la obediencia al Padre, que tiene el Hijo, que se logra este retorno de amor al seno trinitario. Nos encontramos en el núcleo de la fe cristiana y del seguimiento de Cristo. El evangelista nos sitúa en el  amor al hermano, porque es la fuente de las relaciones entre las Personas de la Santa Trinidad. Amor que se expresa en la donación de sí mismo, capacidad de entrega y autoinmolación; Jesús antes de exigirlo, lo ha demostrado con su propio testimonio, entregar la vida por ellos en el Calvario. Si bien, Juan aquí no lo menciona, este amor incluye también a los enemigos (cfr. Mt. 5, 44). Es novedad en Cristo, que llame a sus discípulos “sus amigos”, porque la amistad suele darse entre iguales, hombres y mujeres de una misma condición. ¿Cómo  entender esta amistad? Hay una nueva definición: Jesús no gana nada con nuestra amistad, no se dan intereses comunes. Él es el Señor. Les llama amigos por la misma razón por la que les eligió para ser sus discípulos: los ha amada hasta el extremo de dar la vida por ellos (cfr. Jn. 13, 1). Sólo el amor divino, es el vehículo por el cual llegamos a ser amigos fuertes de Dios, dirá Teresa de Jesús. Amor y amistad, rigen las relaciones de Jesús con sus discípulos, iniciativa del Padre que el Hijo comunica y vive para que los hombres la comuniquen entre sí y la vivan para gloria del Padre.

Santa Teresa de Jesús, enseña que debemos imitar a Jesús, vivir de su amor. “Y este amor que sólo acá dura, alma de éstas a quien el Señor ya ha infundido verdadera sabiduría, no le estima en más de lo que vale, ni en tanto. Porque para los que gustan de gustar de cosas del mundo, deleites y honras y riquezas, algo valdrá, si es rico o tiene partes para dar pasatiempo y recreación; mas quien todo esto aborrece ya, poco o nonada se le dará de aquello. Ahora, pues, aquí -si tiene amor- es la pasión para hacer esta alma para ser amada de él;  porque, como digo, sabe que no ha de durar en quererla. Es amor muy a su costa. No deja de poner todo lo que puede porque se aproveche. Perdería mil vidas por un pequeño bien suyo. ¡Oh precioso amor, que va imitando al capitán del amor, Jesús, nuestro bien!” (CV 6,9).